La verdad

¿EXISTE UNA ÚNICA VERDAD?

Muchas veces creemos que tenemos la verdad de las cosas

¿EXISTE UNA ÚNICA VERDAD?

Este verano disfrute de unas pequeñas vacaciones en el pirineo aragonés. La montaña es un sitio perfecto para desconectar, ver las cosas con perspectiva y porque no, divagar. Durante esas vacaciones leí el libro de “Más allá del bien y del mal” (bastante pretencioso el título) (Fiedrich Nietzche). Un libro bastante recomendable. En algunos momentos un poco espeso para los que no sabemos de filosofía. Pero hubo un concepto que me gustó mucho: la voluntad de verdad. Nietzche dice que la voluntad de verdad es propia de la mayoría de filósofos de aquella época. Y que es una voluntad (un “instinto” que nace de dentro) que nos hace buscar la verdad de las cosas. Crítica esta actitud en sus compañeros, diciendo que en el fondo lo que consiguen es una voluntad de poder. Pero no vamos a explicar el libro, sino aquello que nos puede servir a nosotros.

¿Qué utilidad puede tener para nosotros la voluntad de verdad? ¿Podemos llegar a engañarnos como aquellos filósofos, y en el fondo estar buscando la voluntad de poder?

Desde siempre el ser humano ha intentado buscar la verdad, es decir aquello que existe, que es real y que es lo más adecuado en cada momento. Por ejemplo para nosotros estar mirando el ordenador es una realidad y verdadera, sería falso decir que ahora estamos mirando el frigorífico. Hasta aquí parece claro que es verdad y que es mentira; pero ¿es igual de fácil aplicarlo a los sentimientos, pensamientos, motivos por los que una persona hace algo etc.? Me temo que aquí la respuesta no es tan sencilla.

De alguna manera lo que pensamos, sentimos o hacemos en un momento determinado, es para nosotros la realidad y la verdad, lo hacemos porque nos “sale de dentro”. Pero ¿hay sólo una realidad? ¿Sólo hay una forma de interpretar lo que nos pasa?

Normalmente creemos que lo que interpretamos de lo que nos pasa y de lo que les pasa a los demás es la realidad. Por ejemplo, pienso que he hecho algo mal con una persona, esa persona me trata de una manera desagradable, o simplemente no es tan cercano como yo esperaba que fuese, la conclusión a la que llego es que al ser yo descortés con esa persona, ella lo está siendo conmigo porque está enfadada. Nuestra verdad es que esa persona está enfadada con nosotros. Hemos llegado a una conclusión y que además creemos que es cierta. Hemos llegado a la verdad. Pero…esa verdad, no es más que TU VERDAD.

Pongamos otro ejemplo, nuestra pareja decide quedarse en casa y no acompañarnos a un sitio donde queríamos ir. Como ya lo ha hecho repetidas veces rápidamente llegamos a la conclusión de que es una persona vaga y que no muestra interés ni esfuerzo por complacernos.

Pareja

O, en una discusión de política, nosotros defendemos la verdad, lo que es justo; mientras que la otra persona se equivoca rotundamente y o bien es un/a cafre o aún tiene que madurar para entender la verdad.

Muchas veces sin darnos cuenta, creemos que tenemos la verdad de las cosas, que la única manera de interpretar la realidad es como nosotros lo hacemos.

Sin embargo, cuando alguien nos explica con detalle y con calma otra interpretación, vemos que hay más verdades.  Pero, ¿por qué nos pasa eso, por qué de primeras solo vemos nuestra verdad? Una primera explicación la podemos asociar con los esquemas que generamos en nuestra mente, (sobre este tema hablamos en “No hay peor ciego que el que no quiere ver”). Pero la explicación que vamos a dar ahora, es complementaria a la de los esquemas.

Si yo creo que tengo la verdad, de alguna manera lo que estoy teniendo es el control de la situación. Si pienso que tú te estás equivocando y que lo mejor, es lo que yo hago, estoy tranquilo, ya que controlo la situación. La sensación de control, está muy relacionada con la de poder. Si controlo la situación sé que los demás se equivocan y están por “debajo” mío. Por lo tanto, yo decido si pueden o no, hacerme daño.

A la mayoría de personas no nos gusta no controlar la situación. Queremos controlarla, ya que no queremos ni incertidumbre ni sorpresas, queremos nuestra zona de confort.

Por lo tanto, si yo tengo la verdad, controlo, y esto hace que este en mi zona de confort. Las consecuencias de estar en tu zona de confort es que ya sabes lo que te espera. Lo cual hay veces que es muy positivo, sobre todo en los momentos complicados; pero tiene un gran inconveniente, y es que no avanzas, no consigues conocer más allá de tu zona.

Si siempre pensamos que tenemos la verdad, que nuestra forma de interpretar la realidad es la verdadera, lo que hacemos es atrincherarnos en nuestra zona de confort. Y perdemos oportunidades para crecer como personas. Cuantas más formas tengamos de interpretar la realidad más conocimiento tendremos.

Por lo tanto, hay que tener cuidado cuando creemos firmemente que tenemos la verdad de las cosas, ya que hay infinitas maneras de interpretar la realidad. Cuanto más abiertos estemos a buscar explicaciones de los acontecimientos mejor podremos entender lo que nos rodea, y a nosotros mismos.

 

Un abrazo,

Jacobo Sánchez

Psicólogo en Zaragoza – Gabinete de Psicología

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