No hay peor ciego que el que no quiere ver

Cómo este refrán se aplica a la mente humana.

Todos conocemos el refrán que dice: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Pues bien hoy hablaremos de cómo ese refrán se aplica a la mente humana.

Desde que nacemos nuestras emociones, cogniciones y conductas se van influyendo continuamente, de tal manera que se van creando diferentes “esquemas” ante las experiencias.

Por ejemplo, si yo me siento triste (emoción) esto afecta a mis pensamientos (cognición), de tal manera que me asaltan  a la cabeza agobios, preocupaciones etc. y ello hace que me quede en casa tirado en el sofá sin ganas de no hacer nada (conducta). Los pensamiento afectan a la emoción aumentando la tristeza, y el quedarse tirado en el sofá sin hacer nada (conducta) también afecta a la emoción aumentando la tristeza. Lo mismo sucedería con cada uno de loEmocion,-cognición-y-conductas componentes.

Los esquemas son patrones que nos dicen cómo debemos de actuar, sentir o pensar. Estos se crean a lo largo del tiempo, y poco a poco van incorporando pequeñas cosas, de tal manera que cuando llegamos a la madurez los tenemos bastante fijos. De ahí que se diga, que cuando uno es pequeño es más moldeable (tiene los esquemas menos estructurados, ya que ha vivido menos experiencias) y cuando es más mayor le cuesta cambiar.

Por ejemplo, cuando somos pequeños nos enseñan que el sentir un poco de intranquilidad, irritación y comportarse de forma agresiva; es estrés, y que no es bueno para mí. Creando un circulo vicioso, si no es bueno para mí, me pongo más intranquilo e irritable. A lo largo de los años siempre interpreto esas sensaciones como me han enseñado y me comporto siempre de la misma manera, lo cual hace que cuando sea adulto haga la misma interpretación.

Hasta aquí parece lógico y normal (a nadie nos gusta sentir estrés), pero hemos de darnos cuenta de que esta interpretación nos lleva a dos conclusiones:

  • Que el estrés siempre es malo.
  • Que siempre que me sienta intranquilo e irritable, es estrés.

Una propiedad muy importante de estos esquemas es la permeabilidad, es decir la facilidad que tienen nuevas interpretaciones para formar parte del esquema y la que tienen las viejas para dejar de formar parte de el.

Imaginemos que nos dicen que el estrés no es malo, que simplemente es la sensación de que nuestro cuerpo y mente están movilizando sus “armas” ante una experiencia, y que si no sintiéramos estrés ante determinadas situaciones no podríamos cumplir los objetivos

Si nuestro esquema fuera permeable, eliminaríamos la antigua interpretación por una nueva; de tal manera que tendríamos dos conclusiones:

  1. Que cuando me sienta intranquilo e irritable, es estrés.
  2. Que el estrés tiene una función adaptativa y es necesario para conseguir mis objetivos.

Lo único que cambia es la segunda conclusión, pero ese cambio hace que se rompa el círculo vicioso y que vivamos el estrés como algo positivo y no negativo, no está mal eh.

Y os preguntareis: “¿Y qué tiene que ver todo esto con el refrán?” He empezado poniendo un ejemplo con el estrés, ya que es algo desagradable y cotidiano. Pero esta reflexión se puede aplicar en el día a día.

Los esquemas también nos sirven para entender cómo funciona nuestra mente ante cualquier evento social.LAPICES

Muchas veces pensamos que esto o aquello solo tiene una forma de hacerse, que es la mía, más que nada porque siempre me ha dado buen resultado. Es decir el esquema que hemos creado para ese evento nos es útil, pero de lo que no nos damos cuenta es que cada persona tiene su esquema y que cada esquema es diferente, unos pueden enfatizar más la interpretación emocional, otros la cognitiva y otros la actuación.

A las personas no nos gusta que nos digan como tenemos que hacer una determinada cosa, porque rompe por completo nuestro esquema que muchos años nos a costado crear y que nos ha costado crear y nos ha funcionado.

“¿Por qué voy a plantearme cambiar este esquema que me ha funcionado tan bien por otro que ni siquiera entiendo?”

Lo que nos sucede con nuestros esquemas es lo mismo que nos sucede con nuestra “zona de confort”, ¿si estoy bien porque voy a cambiarlo?

La respuesta es sencilla:

cuantas más formas tengas de interpretar las experiencias más disfrutaras de ellas y mejor podrás entender a las personas.

Si yo solo tengo una manera de interpretar una experiencia (conversación, emoción, evento…) solo disfrutare de una manera, y además seré ciego para el resto de la gente, igual que ellos serán para mí.

Atrevámonos a ver las cosas desde diferentes puntos de vista ya que tendremos una mente más rica y una conciencia más tranquila.

Un abrazo,

Jacobo Sánchez - Psicólogo en Zaragoza

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