¿Puedo modificar mi Dolor?

Todos, en muchos momentos de nuestra vida, sufrimos dolor físico

Todos en muchos momentos de nuestra vida sufrimos dolor físico. Y otros pueden tener un dolor crónico sin que los médicos puedan darle un tratamiento claro, como la fibromialgia, artritis reumatoide, cefaleas, fatiga crónica…

Antes que nada, debemos entender que el dolor es una actividad perceptiva, en la que junto al dolor sensorial están implicadas variables psicológicas y culturales. Por lo tanto, el Dolor, al igual que toda percepción, es una experiencia personal y privada.

Que el dolor pueda ser modulado por la interpretación que hacemos del mismo lo vemos en la siguiente historia:

Beecher observó que los soldados heridos en batalla apenas se quejaban por el dolor de sus lesiones, ni tan siquiera en algunos casos en que éstas eran muy graves. Cuando Beecher, intrigado por esta aparente insensibilidad al dolor, entrevistó a alguno de los soldados quedó sorprendido por la interpretación que invariablemente hacían de su lesión, como un pasaporte para volver a casa.

Por lo tanto, el entendimiento del dolor hay que hacerlo desde una perspectiva biopsicosocial:

  • BIO (biológico): entender los mecanismos fisiológicos del dolor, la parte médica.
  • PSICO (psicológico): entender como nuestra forma de ver el dolor puede afectar a la sensación del mismo, la parte psicológica.
  • SOCIAL: ver como la cultura y las reacciones de las personas cercanas también afectan a nuestra percepción del dolor.

 

La Teoría de la Puerta nos habla de cómo funciona el dolor en nuestro cuerpo y también de cómo se ve influenciado por la mente.

 

En la medula espinal encontramos las células neuronales T, que van a determinar el estímulo doloroso, el cual será trasmitido al cerebro. Estas células T tienen una dependencia directa de las neuronas de la sustancia gelatinosa, que ejerce el papel de “compuerta” o regulador de la información trasmitida a las células T.

Que la puerta se abra o se cierre (es decir que la sustancia gelatinosa deje pasar o no el dolor) dependerá de:

  • Dos tipos de fibras: Las fibras F (finas) tienden a abrir la puerta, mientras que las G (gruesas) producen mayor actividad de la SG inhibiendo la transmisión de las células T, es decir cierran la puerta.
  • De nuestro cerebro, que también puede actuar cerrando la puerta.

Por lo tanto, como vemos en este modelo, el más validado científicamente, las personas no somos pasivas ante el dolor, podemos modificar la percepción del mismo.

Según esta teoría, la percepción de dolor será el resultado de las interacciones entre 3 dimensiones, comenzando por la estimulación sensorial, su posterior modulación a cargo de los factores emocionales y finalmente su integración a nivel cognitivo. Las 3 dimensiones son:

  1. Dimensión sensorial-discriminativa: Aspectos como la intensidad, magnitud y localización del daño. Es la parte más periférica de la percepción
  2. Dimensión motivacional-afectiva: Caracterización del dolor como aversivo o agradable, lo que se asocia a conductas de acercamiento o escape. Es la parte intermedia.
  3. Dimensión cognitiva-evaluativa: Mediada por los niveles corticales. Papel de las variables cognitivas. Integran y modulan la información de las otras 2 dimensiones.

 


Pero ¿qué variables psicológicas son las que afectan al dolor?:

  1. Atribuciones causales y creencias del dolor: Hace referencia a qué atribuimos nuestro dolor. Si pensamos que va y viene sin ningún motivo y que no depende nada de mí, esto nos llevará una sensación de incontrolabilidad.
  2. Percepción de control. Es el principal problema psicológico que encontramos en el dolor. La sensación y la creencia de que no puedo hacer nada para controlar mi dolor. Esta sensación de incontrolabilidad, nos lleva a un sentimiento de indefensión, dejándonos llevar y renunciando a mejorar nuestra calidad de vida, lo cual normalmente acaba provocando una depresión.
  3. Estrategias de afrontamiento. Es aquello que hacemos cuando tenemos un dolor, las principales son: 

Estrategias activas/pasivas.

Las estrategias activas (por ejemplo, distraerse, realizar alguna actividad, ejercicios…) se consideran adaptativas, ya que requieren que nos responsabilicemos y emprendamos alguna acción instrumental para manejar el dolor.

Por el contrario, las estrategias pasivas se consideran desadaptativas ya que implican abandono (por ejemplo, acostarse) o porque no nos responsabilizamos de la acción a emprender, ubicando el control del dolor en fuentes externas (por ejemplo, tomar analgésicos).

Las investigaciones desarrolladas informan de relaciones positivas entre la utilización de estrategias activas de afrontamiento y el mejor funcionamiento tanto psicológico como físico, mientras que las pasivas parecen estar asociadas al padecimiento conjunto de dolor y depresión.

Autoafirmaciones de afrontamiento o pensamientos racionales autorreferidos.

La utilización de esta estrategia resulta beneficiosa para el afrontamiento del dolor, como se desprende de los numerosos trabajos en los que se demuestra que las personas que hacen este tipo de autoafirmaciones informan de menos nivel de dolor, de malestar psicológico y de incapacidad física.

 Ignorar o negar el dolor.

Esta estrategia suele asociarse positivamente con el nivel de actividad desarrollado por el paciente y con un mejor funcionamiento psicológico, aunque sólo cuando se padecen niveles bajos de dolor

Rezar

Para que duela menos o para que finalice el dolor es, por el contrario, una estrategia positivamente relacionada con el dolor y con la incapacidad funcional.

Búsqueda de apoyo social.

En general la búsqueda de apoyo social parece ser una estrategia adaptativa para el afrontamiento del dolor crónico, ya que los trabajos al respecto informan de una relación negativa entre su utilización y el nivel de dolor.

Pensamiento catastrofista.

Esta estrategia recoge los pensamientos negativos relacionados con la falta de soluciones para el dolor, su persistencia, etc., Las investigaciones confirman el carácter desadaptativo de esta estrategia, mostrando en general una relación positiva con el agravamiento del dolor y la reducción de la actividad.

En definitiva, el dolor no es algo solo fisiológico, está afectado por lo psicológico y lo social. Así que cada uno podemos controlar en cierta medida el dolor que experimentemos. Por lo tanto lo primero que tenemos que hacer es creernos que tenemos un control sobre ello, ya que nos hará buscar estrategias para afrontarlo y sobretodo evitaremos sufrir problemas emocionales causados por el dolor, especialmente la depresión y la ansiedad.

No todo es blanco o negro, hay una escala de grises en la percepción de dolor. Ahora que ya sabemos que nuestra mente puede afectar a la sensación de dolor, empleémosla para tener la mejor calidad de vida posible.

Un abrazo,

Jacobo Sánchez – Psicólogo en Zaragoza

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