¿QUE HAY DETRÁS DE UN DIAGNOSTICO?

Detrás de un diagnostico, hay una persona.

Son bastantes los pacientes que acuden a la consulta, buscando un diagnostico de sus problemas, o bien ya tienen uno.

¿Pero que es un diagnostico? ¿Para qué sirve un diagnostico?

El diagnostico no deja de ser el reconocer un trastorno en función de los comportamientos, pensamientos y emociones (síntomas y signos) que padece la persona.

Las principales funciones que cumple un diagnóstico son:

  1. Es fundamental para realizar un buen tratamiento.
  2. Facilita la comunicación entre los profesionales.
  3. Ayuda a avanzar en la investigación de nuevos tratamientos.
  4. No solo ayuda al tratamiento psicológico, sino también al farmacológico.
  5. Es esencial para la psicología forense y jurídica.

Tanto en la psicología como en la psiquiatría, para realizar un diagnostico nos solemos apoyar en sistemas clasificatorios. Estos normalmente son dos, DSM y CIE, siendo el primero el más utilizado.

El DSM utiliza categorías, divide los trastornos mentales basándose en una serie de criterios con rasgos definitorios. Para entenderlo mejor, en la depresión se especifican varios síntomas, pero hay unos que son necesarios para el diagnostico: estado de ánimo deprimido o perdida del interés o placer, si no se tiene ninguno de estos dos síntomas pero sí el resto, entonces no se puede clasificar como trastorno depresivo. Y así con los diferentes trastornos.

Si bien hemos visto las ventajas, también hay que ver los inconvenientes.

Texto1Lo primero de todo es que no todas las personas que tengan el mismo diagnostico tienen el mismo problema. Dos personas pueden tener trastorno de pánico, pero no tiene que ser con los mismos síntomas, intensidad y ante las mismas situaciones. Es decir por mucho que nos hayan asignado una “etiqueta” (diagnostico), no todos somos iguales.

Lo que ello conlleva que no a todas las personas se les a de hacer el mismo tratamiento ni darles la misma medicación.

¿Pero en que nos afecta esto a las personas que no tenemos ningún trastorno y ningún problema psicológico?

Vivimos en un mundo donde hay un continuo flujo de información, para poder manejar el máximo de información posible nuestra mente utiliza el ahorro cognitivo. Una de las funciones del ahorro cognitivo es agrupar bajo la misma etiqueta elementos que se parezcan.

Por ejemplo no hay dos seres humanos iguales, pero tendemos a clasificarlos en hombres y mujeres. Estas “etiquetas” no son libres, llevan asociadas unas determinadas características:

  • El hombre tiene órgano reproductor masculino, barba, suele ser más fuerte… y por supuesto características psicológicas como: no expresa sus emociones, tiene poca inteligencia emocional etc.…
  • La mujer tiene órgano reproductor femenino, suele ir depilada, se preocupa más por la moda, son más sensibles…

Pues bien, el diagnostico no deja de ser un ahorro cognitivo, y agrupa a personas muy diferentes en función de unas pocas características que tienen en común.

El problema es que el diagnostico también va cargado de prejuicios, si un niño tiene déficit de atención (TDAH) en cuanto se porta mal o suspende una asignatura lo achacaremos a “su trastorno”. Esto puede parecer una ventaja, pero en el fondo es un inconveniente ya que este diagnostico le determinará toda su vida. Tomará medicación durante toda su vida y se le tratará como una persona con discapacidad, donde se le limitará, en vez de buscar todo su potencial.

Como sabemos las etiquetas llevan prejuicios y estos a su vez estigmatizan. Si estamos al lado de una persona que tiene un trastorno psicótico, estaremos incómodos, ya que tendremos miedo a que nos agreda o “se le vaya la pinza”.

Por lo tanto, en muchas ocasiones el diagnostico estigmatiza, lo cual hace que se limite a la persona en su desarrollo vital.

El diagnostico solo sirve para ayudar al tratamiento y no para poner un obstáculo más.

Tengamos un diagnostico o no, no hay que olvidar que nuestro objetivo es sacar todo el potencial que llevamos dentro.

 

DETRÁS DE UN DIAGNOSTICO HAY UNA PERSONA

 

 

Un abrazo,

Jacobo Sánchez – Psicólogo en Zaragoza

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